Cinco comedias que me han alegrado la vida

It’s Always Sunny in Philadelphia / FXX

He de admitir que me siento un poco mejor viendo series dramáticas porque me imagino que son el equivalente adulto de la ficción televisiva. Puedes quedar muy bien analizando las estratagemas políticas de Frank y Claire Underwood en House of Cards, pero quizás te miran un poco raro si intentas buscarle un sentido muy profundo a un episodio de Friends.

Además, si están bien hechas, los dramas acostumbran a tener personajes más complejos, abarcan temas de interés y suelen poner mayor atención a detalles estilísticos. Es lo que te imaginas que mira un señor importante cuando por fin tiene un rato libre y ya ha leído la sección de economía y mercados del diario.

Ahora bien, siempre hay un tiempo para llorar y un tiempo para reír. Y después de ver tanta muerte y destrucción en El Cuento de la Criada, pues qué quieres que te diga; entran ganas de ver algo más light.

Por eso, ¿qué más da si durante unas horas aparcamos el entretenimiento sesudo a favor de unas risas fáciles? ¿acaso no es saludable cambiar de tanto en tanto el frote intelectual de barbilla por unas sonoras carcajadas y aplausos cual foca bien alimentada?

 

Man Seeking Woman

La idea tras esta serie es simple: coge tu típica comedia romántica de chico conoce a chica y fusiónala con la imaginación activa e infantil de J.D. de Scrubs. El resultado es mundo en el que el sentido figurado de las palabras se traduce a una versión literal. Esta premisa da mucho juego, ya que se empujan los límites de la posibilidad al máximo. Por eso, no es de extrañar que en el piloto el protagonista reciba una llamada de felicitación del mismísimo Obama tras conseguir el número de teléfono de una chica en el tren. O que, tan sólo un episodio más tarde, necesite la ayuda de un consejo de guerra para pensar en qué mensaje escribirle para invitarla a salir. La idea de esta ficción está basada en el libro de relatos cortos The Last Girlfriend on Earth, de Simon Rich, que también explora el mundo de las relaciones a través de esta óptica deliberadamente absurda. Sin duda, os recomiendo tanto la serie como el libro.

 

Flight of the Conchords

No te dejes engañar por la producción barata estilo “he grabado esto con la cámara del móvil” y la simple historia de dos músicos neozelandeses que intentan hacerse famosos en Nueva York. Flight of the Conchords es un auténtico diamante en bruto. Aunque en mi opinión tiene un arranque un poco lento, te acabarás enamorando del humor seco de los protagonistas y de sus canciones paródicas, presentes en cada episodio. Vale la pena verla en inglés, ya que si no, corres el riesgo de perderte en la traducción la gracia de las letras. La serie sólo tiene dos temporadas, así que no hay excusas para no darle una oportunidad. Además, tiene una intro muy, pero que muy pegadiza.

 

It’s Always Sunny in Philadelphia

Al igual que con Flight of the Conchords, los inicios de It’s Always Sunny in Philadelphia también se fraguaron con unos costes de producción mínimos: con tan sólo 200 dólares (aunque algunos apuntan que la cifra pudo haber sido mucho más baja, hasta los 85 dólares), Rob McElhenney, Glenn Howerton y Charlie Day grabaron un piloto sobre un grupo de amigos rastreros y faltos de empatía que trabajan de actores en LA. El resultado acabó gustando a los de FXX, que compraron la serie, mejoraron la calidad de grabación e hicieron algunos cambios en la historia, como convertir a los chicos en dueños de un pub irlandés en Filadelfia. Desde entonces, la cosa les ha ido tan bien que ya van por su 13ª temporada. Lo de Always Sunny es una verdadera sorpresa, teniendo en cuenta que huye del típico humor family-friendly, apto para todos los públicos. En ella, sus protagonistas son seres claramente despreciables: maleducados, ignorantes, tramposos,… Y gracias a estos personajes que despiertan tan poco la simpatía del público, los creadores consiguen salirse con la suya con un humor negro que con cada episodio parece querer superarse a sí mismo. Los diálogos de esta serie son algunos de los más buenos que he visto en una comedia (el razonamiento de “por qué la ciencia es una mentirosa a veces“ del episodio 8×10 está, sin duda, en mi top 5 de mejores momentos). Si no tienes miedo a acabar cogiéndole cariño a un elenco de personajes que jamás querrías tener cerca de ti, entonces ya sabes a qué serie engancharte la próxima vez.

 

Parks and Recreation

Al estilo de The Office, Parks and Recreation es un falso documental que sigue las aventuras de un grupo de trabajadores arrastrados por las excentricidades de su jefe. En este caso, Michael Scott es sustituido por Leslie Knope, una optimista sin remedio que dirige el departamento de Parques y Recreación de un pequeño pueblo perdido en Illinois. Pero si bien lo de Michael era pura incompetencia, Leslie es más bien una friki que peca de buenaza. Una idealista que huye del cinismo característico de la política, siempre dispuesta a servir a su comunidad con una sonrisa grabada en los labios. De hecho, esta alegría inocente que derrocha la serie es su punto más refrescante. Sin duda, una feel good comedy que restaurará la fe que habías perdido en la humanidad.

American Vandal

La más reciente de las cinco. Se trata de un mockumentary que parodia los típicos documentales true crime en un contexto puramente adolescente. Su primera temporada gira en torno a la expulsión de Dylan Maxwell, estudiante problemático y nada brillante del Instituto Hanover, al que se le acusa de haber vandalizado los coches del profesorado con pintadas obscenas. La segunda entrega de esta serie evoluciona hacia un crimen mucho más elaborado, a la vez que absurdo, obra de un delincuente misterioso y calculador que se esconde bajo el nombre “the turd burglar”(“el zurullo vengador”). No sé ni por dónde empezar para razonar por qué esta serie me parece una joya. Por un lado, es admirable la seriedad con la que aborda unos crímenes tan ridículos, empujando hasta el límite la lógica disparatada de cada situación. Por otro lado, supone un reflejo fiel de la obsesión digital de hoy en día. Los documentalistas analizan el significado oculto tras un post de Instagram y diseccionan los tiempos de publicación de varios vídeos para comprobar una coartada. Parte de nuestras vidas están en Internet, ¿por qué no empezar a investigar ahí? Además, los actores bordan sus actuaciones y los personajes huyen de los típicos clichés de serie adolescente en la que reinan los estereotipos de animadora mala y empollón con corazón de oro. American Vandal huele a instituto real (al menos, a instituto real americano) y, sin duda, esta naturalidad ha hecho que se convierta en una de mis series de comedia favoritas.

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