Promesas en el agua: el simbolismo de las piscinas en Breaking Bad

-Artículo con SPOILERS-

¿Os acordáis de ese episodio en el que Walter y Walter Jr. contemplan la lujosa piscina del hotel en el que han ido a pasar la noche? Sin duda, Walter siente fascinación por estos estanques artificiales e incluso llega a afirmar que una de las razones por las que compró su actual casa fue porque tenía piscina. Sin embargo, para ser un hombre que se pasa media serie observando fijamente y/o sentado en una silla de jardín alrededor de una piscina, rara vez lo vemos disfrutando de un baño bajo el tórrido sol de Alburquerque. En Breaking Bad, la piscina es algo más que un accesorio doméstico: es un reflejo de las más íntimas aspiraciones de Walter y, como consecuencia, de una de las principales motivaciones que lo empujan a actuar de la forma en que lo hace.

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Tener una piscina es caro. No solo construirla, si no también mantenerla en buen estado. Además, se trata de un bien totalmente innecesario y para nada fundamental para la habitabilidad de un hogar. Por eso, existe cierto consenso sobre el hecho de que las piscinas son un lujo, tan solo permisible para aquellas familias con una economía holgada. Si nos fijamos en su representación en el cine, lo más habitual es que veamos piscinas privadas en las casas de los personajes más acaudalados, como símbolo no solo de estatus sino también de hedonismo. Para las clases medias que buscan ascender de categoría, tener una bonita casa con jardín y piscina es motivo de orgullo.

Por eso, no es de extrañar que, a pesar de no ser utilizada, la piscina de los White sea tan a menudo el centro de sus reuniones. Walter quiere demostrar un estatus social que no tiene y proyectar una imagen de cierta plenitud frente a los demás. La necesidad de sentirse un hombre de éxito, un “hombre de verdad”, capaz de proveer para su familia, flota sobre el agua de su pequeño oasis particular. Pero a pesar de sus esfuerzos, no consigue engañar a nadie, ni siquiera a él mismo. Su piscina parece recordarle, con cierta sorna, que no está viviendo conforme a sus expectativas.

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Cuando la pareja White asiste a la fiesta de los antiguos socios de Walt, son bienvenidos con una casa de ensueño, invitados cool que visten de beige, pero, sobre todo, una preciosa y enorme piscina. ¿Casualidad? Yo creo que no. Elliott y Gretchen Schwartz son la encarnación del éxito, ese éxito que White desea con todas sus fuerzas y por el que estará dispuesto a arriesgarlo todo.

Ya sabemos cómo sigue la historia: Walt rechaza el dinero de los Schwartz y se lanza al narcotráfico para no solo financiar su costosa quimioterapia, sino también dejar a su familia un colchón económico. Y qué casualidad que la metanfetamina que él fabrica, aquella única en el mercado, sea de color azul. Fijáos en los planos que capturan el destello del agua envolviendo a los personajes, como si con este baño de luz azulada quisiera simbolizar como la meta está tomando el control de sus vidas.

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Y con esto del color no estoy siendo exagerada. Los creadores de la serie han declarado en numerosas ocasiones que han sido muy cuidadosos con el uso del color en la serie, siendo el ejemplo más claro el oscurecimiento de las ropas de los protagonistas a medida que estos se corrompian más y más por culpa de sus acciones.

Pero dirigir un negocio de venta de meta no es un trabajo limpio. Walt es un hombre racional y extremadamente cauteloso, al menos al principio, e intenta mantener su secreto escondido a toda costa. Pero la realidad le demuestra, una y otra vez, que su secreto es difícil de mantener intacto. Y, como consecuencia, su piscina se ve contaminada en numerosas ocasiones.

 

  1. Walter Jr vomitando en la piscina tras ser obligado a beber demasiado alcohol.

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  2. Jesse tirando dinero de la droga en la piscina tras una discusión.

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  3. Restos de avión caen sobre el patio y la piscina de Walter tras el accidente. (este episodio es aún más interesante si tenemos en cuenta que el accidente es ocasionado, si bien indirectamente, por la decisión de Walt de dejar morir a Jane. Un recordatorio de que sus acciones tienen consecuencias y que, tarde o temprano, su propio hogar -hasta entonces un lugar seguro- se acaba viendo mancillado.

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Si la piscina simboliza la abundancia y el éxito,-si bien conseguida a través de un negocio tan ilícito como el de la droga-, su contaminación demuestra el caro precio a pagar por ello. No es casualidad que el compañero de negocios de Gus Fring muera asesinado a los pies de la piscina del cartel, ensuciándola con su sangre. O que el indomable Don Helario caiga muerto sobre el agua tras el envenenamiento en masa de Fring. Una y otra vez, la serie nos enseña que el “estatus” que simboliza la piscina trae consigo sangre, muerte y dolor.

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Pero, sin duda, una de las más famosas escenas es la de Skyler White sumergiéndose de forma voluntaria en la piscina, desesperada por proteger a sus hijos del entorno tóxico que Walt ha traído a su casa. Se trata de una escena muy simbólica: Skyler se ve engullida por el negocio de la meta azul que, rápidamente, se ha apoderado de todas sus vidas.

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A lo largo de la serie, Walt persigue el sueño de poder y estatus que le promete su piscina. Y aunque lo acaba consiguiendo, su imperio se acaba desmoronando en un cerrar y abrir de ojos. Cuando en la última temporada Walter regresa a su antiguo hogar, ahora una triste casa desocupada, ve a unos jóvenes practicando skate en la piscina vacía. Qué ironía, que a pesar de haber sido un narcotraficante tan temido, ahora ni los niños del barrio respeten su territorio. ¿Y dónde ha ido a parar toda el agua, toda la abundancia y el éxito que una vez tuvo al alcance de su mano? La piscina ya no promete un futuro mejor. Tan solo es un enorme agujero en el patio.

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